"Tu sabes que la amas" -me dijo un día, tomándome por sorpresa.
•La vida es muy corta, dedícale tiempo.
•"Pero yo te amo a Ti" - protesté.
•Lo sé.
•Pero también la amas a Ella.
La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara, era mi
Madre, viuda desde hace unos años, pero las exigencias de mi trabajo y mis hijos hacían que sólo la visitara ocasionalmente.
... Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.
"¿Qué te ocurre? ¿Estas bien?" me
preguntó.
• Mi madre es el tipo de mujer que una llamada tarde, en la noche o una invitación sorpresiva es indicio de malas noticias.
•
• "Creí que sería agradable pasar algún tiempo Contigo",le respondí. "Los dos solitos"!....... ¿Que opinas?
Reflexionó sobre ello un momento. "Me gustaría muchísimo", dijo.
Ese viernes mientras conducía para recogerla después de mi trabajo me encontraba nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita........
Y, Por Dios, cuando llegué a su casa, vi que Ella también estaba muy emocionada! Me esperaba en la puerta con su viejo abrigo puesto, se había rizado el pelo y usaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas, su rostro sonreía, irradiaba luz como un angel.
•"Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo y se mostraron
muy emocionadas"- me comentó mientras subía a mi auto-
•"No podrán esperar a mañana para escuchar acerca de nuestra velada".
Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero si muy acogedor, mi Madre se aferró a mi brazo como si fuera "La Primera Dama de la Nación".
•Cuando nos sentamos tuve que leerle el menú. Sus ojos sólo veían grandes figuras.
•Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista; mi Mamá está sentada al otro lado de la mesa y sólo me miraba.
•Una sonrisa nostálgica se le delineaba en los labios.
• "Era Yo quien te leía el menú cuando eras pequeño ¿Recuerdas?“
•"Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor" -respondí.
Durante la cena tuvimos una agradable conversación, nada extraordinario, sólo ponernos al día uno con la vida del otro.
•Hablamos tanto que nos perdimos el cine
•"Saldré Contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar," dijo mi madre.
•Cuando la llevé a su casa, la sentí, la besé, la abracé, le dije cuanto la quería.
•¿"Cómo estuvo la cita?" - quiso saber mi esposa cuando llegué aquella noche.
•"Muy agradable, gracias, la miré complacido diciéndole, Mucho más de lo que imagine".
Un mes mas tarde mi Madre murió de un infarto, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.
Al poco tiempo recibí un sobre del restaurante donde habíamos cenado mi Madre y Yo, contenía una nota que decía:
"La cena está pagada por anticipado, estaba casi segura que no podría estar allí, pero igual pagué para dos, para Ti y tu Esposa, ….jamás podrás entender lo que aquella noche significó para Mi.
¡Te amo"!
Tu Mamá......
En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo "TE AMO” y darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida será más importante que Dios y tu Familia, dales tiempo porque ellos no pueden esperar.
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totalmente de acuerdo... y a pesar de que viva lejos de la mia no pasa un dia sin que le diga "te quiero" o le mande un "te amo" por sms... _________________
Se hallaba sentada una madre junto a la cuna de su pequeño hijo, por todo extremo afligida y temerosa de que la muerte se lo arrebatara. Pálido y demacrado era el rostro del pobre pequeñuelo y sus párpados permanecían entornados. Su respiración difícil era algunas veces tan profundo que más parecía suspiro que respiración, y no obstante aún infundía más lástima la madre que el inocente moribundo. He aquí que llaman a la puerta y entra en la casa un pobre viejo, triste y envuelto en un holgado cobertor, que le resguardaba del frío y le era a fe de todo punto indispensable, pues reinaba un invierno muy crudo, el campo estaba cubierto de nieve y de hielo, y el viento era recio y cortaba el cutis.
El buen hombre tiritaba de frío; y habiéndose adormecido el niño por algunos momentos, la madre se separó de la cuna y se fue a poner a la lumbre una pequeña vasija con cerveza para reanimar al anciano. Este en tanto, se sentó en la silla que antes ocupaba la madre y se puso a mecer al niño suavemente. Luego después la madre tomó asiento a su lado y tendiendo una profunda mirada sobre el enfermo que cada vez respiraba más difícilmente, cogió su manita y dijo:
-¿No es verdad que no la perderé? ¡Oh, no, Dios es bueno y no querrá quitármelo!
A estas palabras, el anciano, que no era otro que la Muerte, hizo con la cabeza un gesto tan singular, que del mismo modo podía decir que sí como que no. La pobre madre bajó los ojos y dos gruesas lágrimas resbalaron por sus mejillas. Se Sintió como un peso en la cabeza, pues había pasado tres días y tres noches sin cerrar los párpados; permaneció amodorrada cosa de un minuto, un minuto no más, y en seguida despertó llena de sobresalto, sintiendo un estremecimiento de frío.
- ¡Qué veo! Exclamó buscando por su alrededor sus ojos extraviados. El viejo había desaparecido y la cuna estaba vacía: aquel hombre se había llevado al niño. Desde su rincón dejó oir el viejo reloj un ruido sordo y confuso, los rodajes rechinaron con estruendo, el macizo peso de plomo se desprendió cayendo en el suelo y ¡paf! Se paro el péndulo instantáneamente.
La pobre madre se precipitó fuera de la casa clamando por su hijo.
Afuera dio con su mujer que vestía un holgado traje negro y estaba sentada en medio de la nieve.
- La Muerte entró en tu casa, le dijo la desconocida. Yo la he visto salir llevándose a tu hijo; pero la Muerte corre más que el viento y no suelta nunca su presa.
- Dime sólo una cosa, dijo la madre. ¿Qué dirección ha tomado? Dímelo, te lo suplico; dímelo y yo sabré alcanzarla.
- Conozco el camino por donde se ha ido, contestó la enlutada mujer; pero antes de indicártelo necesito que me dejes oir todas las canciones que cantabas a tu hijo. Estas canciones me agradan y tu voz me enamora. Yo soy la noche, te he oído cantar varias veces y he visto correr tus lágrimas cuando las cantabas.
- ¡Oh! Yo las cantaré todas, todas enteramente, pero será después, dijo la madre. Ahora, no me entretengas, déjame alcanzar a la Muerte y recobrar al hijo de mis entrañas.
La Noche permaneció muda e impasible y la pobre madre juntando las manos y llorando a mares, se puso a cantar. Muchas fueron sus canciones, pero hubo en ellas más lágrimas que palabras.
Por fin le dijo la Noche: - Anda en línea recta hacia el sombrío bosque de abetos: por ahí ha huído la Muerte con tu hijo.
La madre salió disparada hacia el bosque; pero a lo mejor se encontró con que el camino se dividía en dos y se quedó perpleja, no sabiendo que dirección tomar. Había por allí un espinoso zarzal sin hojas ni flores, y como esto pasaba en lo más crudo del invierno, gruesos carámbanos colgaban de sus desnudas ramas.
- ¿Has visto a la Muerte llevándose a mi hijo? le preguntó la madre.
- Sí, contestó el zarzal; pero no te indicaré el camino que ha tomado, sino con una condición; has de calentarme en tu seno: me muero de frío.
Y la madre sin titubear un momento, apretó el zarzal contra su pecho para derretir el hielo que lo cubría. Las espinas desgarraron sus carnes y brotaron de las heridas gruesas gotas de sangre, pero el zarzal retoñó instantáneamente, cubriéndose de verdes y frescos tallos y de hermosas flores, en aquella noche de invierno. ¡Tan intenso y febril es el calor que alberga el seno de una madre afligida!
El zarzal le indicó el camino que debía tomar. Llegó la madre a las orillas de un ancho lago, en el cual no había barca , ni hielo bastante duro para pasarlo a pie, siendo por otra parte demasiado profundo para rodearlo. Y no obstante, le era preciso llegar a la orilla opuesta si quería encontrar a su hijo. Delirante de amor se arrojó al suelo tratando de beberse toda el agua del lago, cosa enteramente imposible; pero la angustiada madre creía que Dios se apiadaría de ella y obraría un milagro.
- No, no has de lograr lo que te propones, le dijo el lago. Repórtale un poco y veamos si hay medio de entendernos. A mí me gusta tener perlas al fondo de las aguas y veo que tus ojos ostentan un brillo que excede al de todas las perlas que he poseído. Si a fuerza de llorar logras que tus ojos se te desprendan, yo te conduciré hasta el invernadero que se levanta a la orilla opuesta, en el cual tiene la Muerte su morada, dedicándose al cultivo de flores y árboles cada uno representa la vida de un ser humano.
- ¡Oh! Exclamó la madre, ¡que es lo que no daría yo por recobrar a mi hijo!
Y ¿quién hubiera podido imaginar, después de todo, que aún le quedasen lágrimas? Y sin embargo lloró amargamente, como no había llorado nunca, hasta que sus ojos se le cayeron de sus órbitas al fondo del lago, y quedaron convertidos en dos perlas como nunca las haya poseído reina alguna.
El lago entonces la tomó y sostuvo en su superficie, y cual si hubiese sido un columpio, con un solo movimiento de ondulación la dejó a la otra orilla, donde se levantaba un maravilloso edificio cuya fachada tenía más de una legua. De lejos no podía distinguirse bien si esta soberbia construcción era una montaña con sus grutas y bosques o una obra de arte. Pero la desolada madre ya nada podía distinguir habiendo perdido la vista.
- Y ahora, ¿cómo reconoceré a la Muerte que me ha arrebatado a mi hijo? gritó con desgarrador acento.
- La Muerte no ha llegado todavía, le contestó una vieja, que andaba por allí guardando el invernadero y cuidando las plantas. Y dime: ¿cómo te las has compuesto para llegar hasta aquí? ¿Quién te ha ayudado?
- Sólo Dios misericordioso. Pero tu también te apiadarás de mi, buena mujer ¿Dónde esta mi hijo?
- No le conozco, repuso la vieja, y veo que eres ciega. Hay aquí muchos árboles, flores y plantas que se han marchitado esta noche y dentro de poco vendrá la Muerte, como de costumbre, a retirarlos. Creo que ya sabrás que todos los seres humanos tienen aquí un árbol o una flor que representa su vida y carácter y que muere con ellos. A simple vista parecen vegetales ordinarios ; pero al tocarlos se sentía en ellos pulsaciones de un corazón. Acércate hasta aquí y tal vez podrás reconocer los latidos del corazón de tu hijo. pero ¿qué me darás si te enseño el camino?
- Nada me queda, respondió la desdichada madre con honda tristeza. Sin embargo, pide lo que quieras y yo iré a buscarlo aunque sea al fin del mundo
- De fuera de aquí nada necesito, contestó la vieja. Dame tu larga y sedosa cabellera negra; es muy rica, me gusta y deseo tocar con ella mis pobres canas.
- ¿Nada más? Dijo la madre. Tómala enhorabuena.
Y se arrancó sus magníficos cabellos que un tiempo fueron el orgullo de su juventud y se puso en su lugar las canas cortas y escasas de la vieja.
Esta la tomó luego de la mano y juntas entraron en el vasto invernáculo donde crecía formando soberbias espesuras una vegetación maravillosa. Jacintos delicadísimos colocados bajo campanas de cristal estaban junto a surcos hinchados y vulgares. Se veían plantas acuáticas, unas exuberantes de savia y las otras casi marchitas y con las raíces rodeadas de asquerosas culebras. Algo más lejos se erguían esbeltas palmeras, copudas encinas y frescos plátanos, y en un rincón extraviado se ostentában grandes cuadros de perejil, tomillo y otras yerbas de cocina, emblema del género de utilidad que prestan aquellas personas modestas cuya vida simbolizaban. Había además grandes arbustos plantados en unas macetas tan angostas e incapaces que parecía que iban a estalla, y en cambio míseras florecillas ocupaban ricos y holgados vasos de porcelana, absorbiendo el más sustancioso mantillo, rodeadas de musgo y siendo objeto de los más exquisitos cuidados. Todo esto representaba la vida de los hombres que existían en aquel momento, desde la China hasta Groenlandia.
En vano la vieja trataba de explicar detalladamente disposición tan misteriosa; la madre no la oía y no cesaba de pedir que la acompañase junto a todas las pequeñas plantas, tentándolas y palpándolas con afán para percibir sus pulsaciones; hasta que después de haberlo verificado con millares de ellas, acabó por distinguir y reconocer los latidos del corazón de su hijo.
- El es, exclamó tendiendo la mano sobre un pequeño tallo de azafrán, doblado sobre si mismo y poco menos que mustio.
- Cuidado, no lo toques, dijo la vieja, y no te muevas de aquí. Cuando venga la Muerte, que no puede tardar, amenázala con arrancar todas las flores que crecen en torno y tendrá miedo, pues es responsable y ha de dar cuenta de ellas a Dios, no pudiendo arrancarse ninguna planta sin su previo consentimiento.
Al poco rato se dejó sentir una ráfaga de viento glacial y la madre adivinó la proximidad de la Muerte.
- ¿Cómo has hallado el camino de este sitio? Preguntó la Muerte. ¿Cómo te has compuesto para llegar hasta aquí antes que yo? Explícate.
- Soy madre, contestó brevemente.
Y la Muerte extendió su mano larga y huesosa sobre el pequeño azafrán; pero la madre lo tenía estrechamente circuido con las dos suyas, al propio tiempo que ponía el mayor cuidado en no maltratar ninguno de los menudos y delicados pétalos. Entonces la Muerte tomó el partido de soplar sobre las manos de la madre, la cuál se las sintió caer desfallecidas, porque el aliento de la Muerte es más frío y helado que los vientos del más riguroso invierno.
- Tu nada puedes en contra mía, dijo la muerte.
- Dios puede más que tu, repuso la madre.
- Es cierto; pero yo cumplo sus mandatos, como un jardinero puesto a sus órdenes. Todas esas flores, todos esos árboles y matas cuando ya no pueden vivir en el invernadero, los transplanto a otros jardines y entre ellos el gracioso e inmenso paraíso, comarcas desconocidas, en las cuales ni tu sabes lo que ocurre, ni puedo decírtelo.
- ¡Compasión! ¡Ay de mi! Gritó la madre. No me arrebates a mi hijo, ahora que he tenido la dicha de encontrarlo.
La suplicante madre gemía amargamente y la Muerte permanecía impasible, por lo que llevando aquella la mano sobre dos flores brillantes y magníficas dijo a la Muerte:
- Pues bien, ya que nada le dice la desesperación de una madre, yo arrancaré esas dos flores y haré lo mismo con las restantes, devastando todo este jardín.
- Detente, gritó la Muerte. Y tú, madre desgraciada, ¿no reparas en destrozar el corazón de otras madres?
- ¡Otras madres! Murmuró la pobre mujer apartando las manos de las flores.
- Toma, dijo la muerte: toma tus ojos; los he visto en el lago: brillaban con tanta dulzura, que no he podido menos que recogerlos. No sabía que fuesen los tuyos. Recóbralos y mira al fondo de ese pozo. Ahí verás lo que habrías destruido destruyendo esas flores. En los reflejos del agua verás la suerte reservada a cada una de esas flores y a tu hijo, si hubiese vivido.
La madre se inclinó sobre el brocal y vio pasar sucesivamente una serie de imágenes de buena suerte y alegría formándolo risueños cuadros, seguidos de espantosas escenas de pesadumbre, desolación y miseria.
- Esas cosas, así las unas como las otras son voluntad de Dios, dijo la muerte.
- Pero en lo que me acabas de enseñar, exclamó la madre llena de zozobra, no creo haber visto yo el destino de mi hijo.
- No te diré yo cual de ellos es, repuso la Muerte; pero te lo repito; entre todo lo que has visto está la suerte que a tu hijo le aguarda en el mundo.
La madre enloquecida hincó las rodillas exclamando:
- Por Dios, oye mis ruegos y respóndeme de una vez: ¿le estaba reservada a mi hijo la parte horrible de este espectáculo? Dímelo sin rodeos, habla. ¿No quieres contestarme? ¡Oh! En la cruel incertidumbre en la que estoy sumida, será mejor que me lo arrebates antes de que corra el riesgo de sufrir tales desgracias. Le quiero más que a mi misma al hijo de mis entrañas; caigan pues sobre mi todas las desdichas. Llévalo en buen hora al reino de los cielos y olvídense mis lágrimas y mis súplicas, mis palabras y mis sacrificios.
- No te entiendo bien, dijo la Muerte; vamos a ver, ¿quieres, sí o no, recobrar a tu hijo, o prefieres que le conduzca a ese lugar desconocido de que no puedo hablarte?
La madre entonces juntando las manos, cayó de rodillas y dirigiéndose al Rey de los cielos exclamó:
- No me escuches, Dios mío, si desde el fondo del corazón reclamo contra su voluntad, que está siempre cifrada en lo mejor. ¡Oh! ¡No me escuches, no me atiendas!
E inclinando su cabeza sobre el pecho, caía abismada en la más terrible de las congojas, en tanto que la Muerte arrancaba el débil tallo de azafrán y volaba a transplantarlo al jardín desconocido.
Muchas veces, no logramos entender el porque Dios nos quita a quienes amamos para llevarselos a su lado, y asi como en la historia dariamos todo lo que poseemos por no perder a quienes amamos, pero aun con el dolor que sentimos debemos entender que todo en esta vida sucede por una razon, la cual nosotros no conocemos, pues es como un tejido en las manos de Dios que punto por punto no se alcanza a comprender pero extendiendo aquel tejido se puede admirar una obra maravillosa, se dificil aceptar el perder a alguien amado, pero tarde o temprano tenemos que aceptarlo y solo nos queda saber que era lo mejor tal vez no para nosotros pero si para quien nos dejo, pues seguimos necesitando de su compañia, su cariño, su abrazo y el sonido de su voz, pero en algun lugar nos observa, y con cada caricia de la brisa acaricia nuestra piel, en cada amanecer el brillo de sus ojos nos observa, y en la obscuridad de la noche su abrazo nos reconforta en nuestros sueños...
Dios los bendiga y cuide hasta el momento de estar a su lado _________________
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sip... un momento duro... y sentimentos fuertes...
me puse a pensar en esto... creo que uno siempre seguirá amando a la persona que se va.... pero es importante seguir viviendo y no estar muerto en vida. con esto no quiero decir enamorarse otra vez, aunque puede pasar... lo mas importante, creo, es seguir adelante _________________
En 1989, un terremoto de 8.2 grados por poco acaba con toda Armenia, pero sí mató a más de 30 mil personas en menos de cuatro minutos.
En medio de esa devastación y caos totales, un padre desesperado dejó a su esposa segura en casa y se precipitó a la escuela donde debía estar su hijo, solo para descubrir que el edificio estaba completamente derruido. Después del impacto traumático inicial, recordó la promesa que le había hecho a su hijo:
“PASE LO QUE PASE SIEMPRE ESTARÉ CONTIGO.”
Y sus ojos empezaron a llenarse de lagrimas. Mientras miraba la pila de escombros que alguna vez había sido la escuela, parecía no haber esperanza, pero no dejó de pensar en el compromiso con su hijo. Comenzó a concentrarse en el lugar de la escuela al que caminaba su hijo a clases cada mañana. Recordó que el salón de su hijo estaría en la esquina derecha del fondo del edificio, se precipitó hacia allá y comenzó a excavar entre el cascajo.
Mientras excavaba, otros padres desesperados llegaron con la mano sobre el corazón y diciendo: ‘¡Mi hijo!’, ‘¡Mi hija!’ Otros padres bien intencionados trataron de apartarlo de lo que quedaba de la escuela y le decían:
“¡Es demasiado tarde!”, “¡Están muertos!” ,”¡No puedes ayudar!”, “¡Vete a casa!”, “¡Vamos, afronta la realidad, no hay nada que puedas hacer!”, “¡Así solo vas a empeorar las cosas!”
A cada uno de los padres le respondía con una frase: “¿AHORA ME VAS A AYUDAR?”
Y procedía a excavar en busca de su hijo, piedra por piedra. El jefe del cuerpo de bomberos, la policía, todos trataron de persuadirlo para que dejara todo, dándole un sinfín de explicaciones, pero este padre amoroso y protector solo los escuchaba y les contestaba: “¿AHORA ME VAS A AYUDAR?”
Nadie ayudó. Valientemente siguió trabajando el solo, porque necesitaba saber por si mismo si su hijo estaba vivo o muerto. Excavo durante 8 horas… 12 horas… 24 horas… 36 horas… Y casi a las 38 horas de hacerlo, extrajo una loza y escuchó la voz de su hijo.
Con el corazón a punto de estallarle gritó su nombre:
- “¡ARMANDO!”
Y escuchó una voz de vuelta:
- “¡¿PAPA?!
- ¡Soy yo Papá! Les dije a los otros niños que no se preocuparan, les dije que si tu estabas vivo me salvarías y que cuando tu me salvaras, ellos estarían salvados. Tu me lo prometiste: ‘Pase lo que pase, siempre estaré contigo.’ ¡Lo hiciste Papá!”
- “¿Qué esta pasando allá adentro? ¿Cómo está?” Preguntó el padre.
- “Quedamos 14 niños de 33 papá. Tenemos miedo, hombre y sed. Cuando se cayó el edificio se hizo una cuña como un triángulo y nos salvó.”
- “¡Sal hijo!”
- “¡No Papá! Deja que los otros niños salgan primero, porque yo sé que tu me sacarás. ¡Pase lo que pase, sé que estarás conmigo!“
Pepe era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía: "Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo". Era un gerente único porque tenía varias meseras que lo habían seguido de restaurante en restaurante. La razón por la que las meseras seguían a Pepe era por su actitud. Él era un motivador natural: si un empleado tenía un mal día, Pepe estaba ahí para decirle al empleado como ver el lado positivo de la situación.Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Pepe y le pregunté: No lo entiendo... no es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿Cómo lo haces?...Pepe respondió: "Cada mañana me despierto y me digo a mi mismo: Pepe, tienes dos opciones hoy: puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor."Escojo estar de buen humor"."Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello. Escojo aprender de ello". "Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida. Escojo señalarle el lado positivo de la vida". Si, claro, pero no es tan fácil, protesté."Si lo es", dijo Pepe. "Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección". "Tu eliges cómo reaccionas ante cada situación, tu eliges cómo la gente afectará tu estado de ánimo, tu eliges estar de buen humor o mal humor"."En resumen, TU ELIGES COMO VIVIR LA VIDA". Reflexioné en lo que Pepe me dijo...Poco tiempo después, dejé la industria hotelera para iniciar mi propio negocio. Perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Pepe, cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar contra ella. Varios años más tarde, me enteré que Pepe hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio de restaurante, dejó la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados. Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano, temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon. Con mucha suerte, Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia auna clínica. Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta, aún con fragmentos de bala en su cuerpo. Me encontré con Pepe seis meses después del accidente y cuando le pregunté como estaba, me respondió:"Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo". Le pregunté que pasó por su mente en el momento del asalto. Contestó: "lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenía dos opciones: podía elegir vivir o podía elegir morir. "Elegí vivir"."¿No sentiste miedo?" Le pregunté. Pepe continuó:"Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y vi las expresiones en las caras de los médicos y enfermeras, realmente me asusté. Podía leer en sus ojos: "es hombre muerto." Supe entonces que debía tomar una decisión."¿Qué hiciste?" Pregunté."Bueno, uno de los médicos me preguntó si era alérgico a algo y respirando profundo grité: - "Si, a las balas" - Mientras reían, les dije: "estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no muerto". Pepe vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud. Aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente, y que la ACTITUD, al final, lo es todo _________________
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muy conmovedoras historias lobo... la primera es algo que yo definitivamente haria... es decir, es lp que pienso...
sobre la segunda, vos me conoces ya... me gusta, desearia tener esa fuerza... si creo que es cuestión de actitud y de elecciones... la cuestion para mi es encontrar el valor para tomarlas...
Solo tienes que encontrar una razon para hacerlo patito
Como bien dijiste respecto a la primera historia es algo que definitivamente harias, porque tienes una razon para hacerlo, en la vida es lo mismo amiga mia, en cada situacion dificil que se presenta no importa si tienes valor o no, lo importante es la razon por la cual haces las cosas..
Yo te pregunto, si un animal peligroso atacara a tu hijo lo defenderias aun a riesgo de perder la vida?
Nisiquiera tengo duda de tu respuesta, se que lo harias y no porque seas lo suficientemente valiente para hacerlo, sino por la razon que te impulsa a hacerlo
Cuando te sientas triste, deprimida, debil o mal en cualquier aspecto, no busques valor para seguir adelante, busca la razón que tienes para hacerlo... _________________
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